La dolorosa pena natural del papá que mató a su hijo

Por: Raquel Castellón Shible

Un niño de cuatro años murió en un trágico accidente provocado por su propio padre, cuando este lo atropelló con una vagoneta que conducía en reversa. El menor viajaba en el cajón de la vagoneta y se resbaló, cayendo repentinamente al suelo, hecho del cual no se dio cuenta su padre, por lo que continuó conduciendo hacia atrás y le pasó por encima al niño, produciéndole una muerte inmediata.

Otro hecho que causó una gran conmoción, fue un típico caso de “síndrome del niño olvidado”.  Un padre dejó olvidado a su bebé de siete meses dentro de un vehículo, cuando lo aparcó en el estacionamiento del banco donde trabajaba, en lugar de llevarlo a la guardería, como lo tenía previsto.  Dos horas después, un guarda le advirtió que el menor estaba en el carro; sin embargo, ya era tarde, el bebé sufrió graves lesiones por el “golpe de calor que le produjo un daño neurológico irreversible” y, posteriormente, falleció en el Hospital Nacional de Niños,

Ante hechos como los descritos, nuestra legislación procesal penal permite la aplicación de un criterio de oportunidad por la causal denominada pena natural, cuando el imputado haya sufrido, como consecuencia del hecho, daños físicos o morales graves que tornen desproporcionada la aplicación de una pena, o cuando concurran los presupuestos bajo los cuales el tribunal está autorizado para prescindir de la pena.

En esos casos, el fiscal puede solicitar al juez de la etapa preparatoria, que prescinda total o parcialmente de la persecución penal.  Si el juez decide acoger ese criterio de oportunidad, dictará un sobreseimiento definitivo a favor del imputado.

La aplicación del criterio de oportunidad por la causal de pena natural, se fundamenta en el principio de proporcionalidad que debe existir entre el hecho delictivo y la pena.  En los ejemplos mencionados, es evidente el martirio que ha representado para un padre, haberle dado muerte a su propio hijo, de forma involuntaria e imprevisible. Ese sufrimiento representa un castigo “natural” o “divino” que viene a sustituir la pena judicial.

Para determinar si es procedente la aplicación de un criterio de oportunidad por la causal de pena natural, tanto el Ministerio Público como el Tribunal deben valorar el dolor del autor o partícipe del delito. La Sala Tercera ha sido clara al indicar que no es cualquier dolor producido en el agente activo de un ilícito lo que puede considerarse como pena natural, sobre todo cuando el hecho es de naturaleza dolosa (Ver sentencia No. 2002-01117 de 10:30 del 1.11.2002).  

Tal es el caso de un hombre que provoca la muerte de su esposa, actuando con frialdad y premeditación. En ese supuesto, no es procedente argumentar que la muerte de su esposa le provoque un sufrimiento tal que sustituya la pena judicial.  

La pena natural es consecuencia de un hecho que el sujeto no previó, no aceptó ni quiso que sucediera como consecuencia de su actuación.  En esas circunstancias, el suplicio que sufre el actor del ilícito constituye la pena por su actuar negligente. La imposición de otra pena de carácter judicial significaría una doble condena por un solo delito

 

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